Wolfe Vs La Era Digital

Muy bien. Antes que nada y para poder escribir algo acerca de Tom Wolfe, es necesario que lean mi pequeño manual al que he titulado: “Cómo escribir del maestro Wolfe sin perder la cordura en el intento”:

 

1° Evita siempre escribir en primera persona.

2° No ser Norman Mailer.

Listo.

 

Wolfe, después de tanto tiempo, vuelve a la carga. Como si Hitchkock volviera a hacer películas. Como si observase en qué se ha convertido el suspenso, en dónde ha parado y en dónde se encuentra estancado. Y ese quien promulgó “El nuevo periodismo” como evangelio vanguardista del cuarto poder, retrata sin ninguna dificultad, la opinión, pongámoslo así, más certera de lo que actualmente se ha convertido.

 

Cuando en su momento resume con su frase: “un periodismo que pudiera leerse como novela”, a eso que surgió como una competencia imparable entre “eruditos paraperiodistas”, nótese las comillas. Actualmente, la frase que más debe ser tomada en cuenta para enfrentarse a alguna cosa semejante al Nuevo Periodismo, sin duda sería: “El periodismo ayuda a mantenerte cuerdo”.

 

Y pensarlo dos veces. Y cuestionártelo tres. Ya después, atreverse a comprender los barbáricos gritos de esta era digital. Porque y como bien dice Bob Dylan: “The times they are a changin”.

 

Lo que para muchos simboliza su último libro, “Bloody Miami”, puede que sea no más que otro legado capaz de trascender en los años. Otra nueva forma de observar sobre lo que hay en su “non fiction” para aprender el funcionar del nuevo periodismo, que ya es muy propio de su nombre. Y no sólo, sino también de conocer ese lado tan de protesta que como sus otras novelas, ya han sido polémicas y escandalosas.

 

Y pese a que él mismo ha aceptado la incursión al gran género para sus posteriores trabajos, desde 1987 con su novela “la hoguera de las vanidades”, su labor periodística también le ha estado acompañándole, eso sí, en su particular modo, con sátira y crítica social. Dicha novela satiriza las costumbres que la ciudad de Nueva York por allá en la década de los 80tas, ha caracterizado el vanaglorioso universo de los adinerados ejecutivos de finanzas y aquellas interacciones que han tenido el resto de la sociedad.

 

Mientras que con “Bloody Miami” parece no alejarse del caso. Disecciona esta vez la sociedad de una gran urbe estadounidense, que se va moviendo entre la discriminación racial y de las minorías.    

 

Tom Wolfe nos asegura que andar en el siglo XXI no es más que un retroceso. Que la era digital puede limitar tanto las relaciones interpersonales como el manejo de información. Por lo tanto la sugerencia respecto al caso de Snowden de volver a lo analógico tiende a ser comprensible. Cuando lo manual era tan bien aprendido. Cuando la información era tan bien custodiada.

 

Frente a consejos que  pueden o no tomarse en cuenta, el hombre que fundó “El Nuevo periodismo” nos dice que todo dentro del oficio es cuestión de percepción. Que saber lo que escribes y saber de quién escribes puede tanto darte admiración como repudio. Seguidores o enemigos. Uno debe decidir contra qué y cómo debe hacerse su reputación. Aunque Wolfe parece no esforzarse en ello. Sólo hace lo suyo, y para el  mundo hacer lo suyo, ya lo vuelve ultraconservador.

 

Uno de los temas más interesantes a los que se refiere, es el hecho de que nuestro vocabulario puede jugarnos en contra sin darnos cuenta. Que la objetividad no es más que un término subjetivo y que el establishment nos coloca las palabras adecuadas para estar de algún lado en específico. Obtener una postura ideológica y demás. Proclamando que hasta los más cultivados y eruditos forman parte de un marxismo insospechado.

 

Debieran tomar notas todos aquellos de quienes opina. Como el populacho Michael Moore. ¿Es decir, quién creería que Tom Wolfe hablase de manera tan tranquila de éste cineasta? Y no es que piense que Moore deba ser tratado de esa forma (Me retracto. Quizás sí lo piense) sino que me resulta extravagante que aquél que predefinió al Nuevo Periodismo hable de semejante personaje como alguien que hace más divertido éste oficio. ¡Vaya!

 

Habrá que conocer este nuevo blanco que utiliza como recurso satírico y en forma de protesta dentro de “Bloody Miami”. Por lo pronto, quedémonos con la afirmación que nos dice que ni el LSD puede ser capaz de destruir la cordura de un buen periodista.

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