México, en marcha de la utopía verde

La distopía de nuestro México actual está a pasos, según el presidente de Uruguay, José Mujica, de emprender un gran cambio a la utopía. Esa misma que se ha soñado desde enfrentarnos cara a cara con el narcotráfico. La misma que desde el sexenio de Felipe Calderón, ex presidente de México y perteneciente al Partido Acción Nacional (PAN), se ha luchado como si una guerra de Siria se tratase. Se estima que los homicidios en el actual sexenio de Peña Nieto llegan a 57 mil 899, es decir, 14 mil 205 más que en el mismo periodo que duró Calderón, si tan sólo nombramos que fueron alrededor de 121 mil muertes. Las estadísticas, indudablemente son escalofriantes.


Esta distopía entonces, que ha sido retratada innumerables veces por Luis Estrada y sus maravillosas películas, es capaz de personificar el México que la mayoría de sus presidentes han querido ocultar. El corrupto “Un mundo maravilloso”, la satírica “La ley de Herodes” y el grotesco, violento y desagradable “El Infierno” son fragmentos de un todo al que muchos expertos le han dado una posible solución. Razón por la que el presidente de Uruguay, pese a problemáticas similares vividas en su país, aconsejó a Peña Nieto para tomar la decisión que pudiera regular el conflicto del narcotráfico. Por ende, México marcha poco a poco en la utopía verde. En su posible solución.


Canadá fue el primer país en crear un sistema legal para regular el uso médico de la marihuana. Las personas enfermas que recibían un permiso del gobierno podían usarla ya que es bien sabido que el principio activo de la misma mejora la sensibilidad a los olores y aumenta el apetito, es decir, significó un punto de partida para tratar desórdenes alimenticios. Sin embargo, la producción comercial y venta es penada. En Holanda existen locales donde la marihuana se vende, conocidos como Coffee shops; esto se debe a que las autoridades no han dictado leyes contra estos establecimientos, que desde 1979 se dedican vender este productos, 5 gramos por persona de esta a mayores de 18 años.

 

La imagen que se busca es crear de México un país con madurez similar a lo que estos países han demostrado ser pese a dicha legalización. Que sirvan como paradigmas importantes a la hora de hablar de cambios sociales y hasta psicológicos de nuestra cultura. La pregunta es, ¿a caso estamos preparados para ello? Aceptar el convenio deriva, sin lugar a dudas, la descriminalización de los estupefacientes. California realizó en noviembre un referéndum para lograr la causa en materia recreacional, no sin antes enfrentarse a la revolución empresarial que implicó su aprobación. Y es en ese mismo tablero donde México tendría que jugar también.


Pero eso sólo sería el comienzo, ya que estamos tratando la legalización. Hay mucha diferencia entre legalizar las drogas y descriminalizarlas. El primero implicaría lo que Holanda hace con sus Coffe Shops. Es decir, establecimientos de café, farmacias o hasta tiendas (drugstore) estarían dispuestas a vender dichas sustancias. Discriminarlas entonces tendría que derivar en la despenalización de las mismas, aún si actualmente en México es legal su uso personal. Entendamos entonces, que nuestro país se enfrenta a la crucial decisión psicológica y social de uno de las preguntas que más ha causado de qué hablar actualmente:


¿Disminuirán los problemas en temáticas de narcotráfico, es decir, Si Uruguay lo logró, si Colombia también, México correrá con la misma suerte? Al menos no podríamos estar peor a la distopía que se vivimos actualmente, donde tan sólo en Guerrero se la ha llegado a considerar el segundo Afganistán… no, no es exageración. México está en marcha de la utopía verde.

 

 

 

Héctor Jesús Cristino Lucas 

                                                                      

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