Oscars 2016, Spotlight y el reinado de Hollywood: ¿Quién tiene la culpa? Reflexión de un Cinemaniaco

“Y la Academia, reconoció. Y la Academia, menospreció.” Es instantáneo criticarlo de esta manera; casi obligatorio. No sorprende que ahora, tras el reconocimiento de películas como The Revenant, Spot Light o Mad Max haya ocurrido lo mismo, más crítica, más inconformidad. El reinado de Hollywood, de este mismo que poco o nada ha cambiado durante los años, ha sido múltiples veces vituperado por los mismos cineastas y actores que, tarde o temprano, le ayudaron al mega monstruo insaciable para que estuviera en el lugar en donde se encuentra ahora. Nos lo avisó Peter Jackson con su agridulce Meet The Feebles y su visión de una industria podrida, y que al parecer, cambió tras dirigir la trilogía de Lord Of The Rings.

 

Cronenberg, el canadiense que nos trajo sus sanguinolentas y espeluznantes obras de transgresión de cuerpo como Videodrome o Scanners, para el 2014 presentó sin escrúpulos la grotesca visión de este Hollywood negro, arruinado y corrupto con su intrigante: Map To The Stars -una especie de infierno de estrellas cayendo hasta el último círculo Dantesco- junto a John Cusack, Julian Moore y Mia Wasikowska. Esto a raíz de unas escandalosas declaraciones que confesó el año pasado acerca de Kubrick y su desprecio al séptimo arte. “Él no comprendía el cine”, mencionaba el autor de The Fly, “su visión era financiera, su The Shining era malísima”, replicaba.

El año pasado, casi a finales del 2015, una polémica estatua del artista Plastic Jesus se colocó en el Teatro Dolby -lugar donde se celebra la ceremonia de los Oscars- que resumiría a la perfección las transgresoras visiones de Cronenberg y Jackson. Y es que sí, paradójicamente Hollywood es el enemigo número uno del cine, de aquella eterna pelea tipo ciencia vs religión traducida a “arte vs dinero”. Premisa básica que mostró la Map To The Stars o la Meet The Feebles respectivamente, así como la vida de cada una de sus estrellas en este glamuroso pandemónium. Uno que hasta ahora no para de producir polémica y ganarse sus adeptos enemigos.

 

Chris Rock lo mencionó en la reciente gala al imitar a Rick Gervais para hacer una crítica, de nueva cuenta, a Hollywood. Y recordarnos a todos que la Academia continúa siendo aún muy racista ya que no hubo nominación si quiera para algún actor de color. “¿Pero acaso importa?” preguntaría más de una vez. El peligroso humor se ocultaba dentro de un halo imparcial, cuando empezó a burlarse de pronto de aquellos que intentaron “boicotear” las premiaciones, colegas de su tipo de piel. De Jada Spinkett cuya protesta fue haber faltado a la ceremonia. De Will Smith molesto por no haber sido nominado con su excelente Concussion. “¿Pero acaso importa?”, preguntaré.

 

Este actor puntualizó una crítica -extrañamente- imparcial ante las inconformidades que esta industria suele darle a cualquiera. De hecho Iñárritu, tras volver a recibir el Oscar a Mejor Director, corroboró este punto con su discurso. Uno que según Pete Hammond, intentaron interrumpir: 

De acuerdo, es obvio que la batalla siempre subjetiva de qué película es mejor sobre qué otra película, según la Academia, marca tendencia; una bastante inapelable. Porque es inapelable su decisión, y con ella, todos somos “expertos” de cine. Terminamos viendo las películas más habladas, “las mejores”. Nos  convencernos -a veces a la fuerza- que son buenas. E inapelable es aquello que marca, que deja y que estampa sobre cada seguidor, cinéfilo o crítico con sus recomendaciones. Nos vuelven “expertos”.

 

Aún en la gala de este 2016, las cosas no cambian. Las cosas siguen siendo tal y como siempre han sido, o al menos en la mayoría de los casos.

Estas entregas no fueron ni de lejos impredecibles, como muchos argumentan, sino más bien, “clásicos”. No hay mucha sorpresa en realidad. Por un lado tenemos las nominaciones a filmes del tipo The Martian o Mad Max que fungieron como el asombro de la noche, sobre todo a esta última, que le llovieron los premios una vez arrancando la ceremonia. Y así todos lo cuestionaron, ¿cómo es que ésta llegó tan lejos? Uno tras otro, tras otro y tras otro. Pero analicemos, porque esto no es nada inesperado.

 

Si algo sabemos, es que la Academia puede otorgar tantos premios quiera a filmes de ciencia ficción, fantasía y hasta horror con un haz bajo la manga. Lo vimos ya con An American Werewolf In London en 1981, con The Exorcist en 1973 o con The Omen en el 76, que fueron reconocidas ya sea por Banda Sonora o Efectos Especiales, pero nunca por el Mejor Guión Original o la Mejor Película, exceptuando quizás The Silence of the Lambs de Jonathan Demme en 1991, siendo la única en la historia del thriller/horror en ganar éste último. O bien, Lord Of The Rings: The Return of The King que, para sorpresa de muchos allá por el 2003, ganó de igual forma pese a ser de Fantasía.

 

¿No es algo similar? Cuando las entregas iniciaron era muy fácil intuir que Mad Max: Fury Road de George Miller reinaría en los tecnicismos. Y es que, a sabiendas de los escasos largometrajes Sci-fi que lograron alcanzar el codiciado: Mejor Película en la historia del cine, y con ejemplos a lo Spot Light de Thomas McCarthy compitiendo este año, era obvio que no veríamos uno más de esos casos. Y no reprocho dicha decisión, me parece bastante “justo” en los lineamientos de la Academia. Bastante justo y predecible que Spot Light se haya coronado como reina absoluta. Derrocó incluso a la favorita The Revenant y el mundo no lo esperó.

Aún así destaquemos los Oscars a Mejor Actor, Mejor Director y Mejor Fotografía, son considerados de los más importantes.

 

Sin embargo, no es de extrañarse. Pese a la expectación que en muchos causó la película de Iñárritu, Spot Light sí se merecía el premio, pese a quien le pese. Y no sólo porque es poseedora de un buen argumento, sino porque ese argumento es demasiado actual; apegado a una realidad inmediata que atañe a diversos sectores de la sociedad. Es más importante cuando una película separa las frutas podridas de algún frutero -en este caso, la Iglesia católica- exponiéndolas frente a todos y todas; eso es polémico, eso es actual, eso es Spot Light. En comparación con una historia basada del libro de Punke, y que algunos hasta creen como simple leyenda,  The Revenant es irrelevante.

 

 ¿Y a quién diablos le importa una crítica sociopolítica disfrazada de ciencia ficción, dentro de una Road Movie que en apariencia es mera acción vacía? Mad Max, al lado de los incontables hechos impunes que la Iglesia católica ha cubierto a través de los años… pues sí, pareciera irrelevante.

 

De hecho, el éxito de Spot Light es ahora un detonante social, uno importantísimo que vale la pena destacarle. Avivó las críticas a la iglesia católica y este tema volvió a ser relevante para muchos. Verán, unas horas antes de que se declarara la película de Thomas MacCarthy como la mejor del año, la Red de Sobrevivientes Abusados por Sacerdotes (SNAP) se reunió a las afueras de la Catedral de Los Ángeles para exigirle a la Iglesia que deje de encubrir los crímenes de pederastia. Con pancartas y gritos lo exigieron: “Protect the children, expose the truth” (protejan a los niños, expongan la verdad). Y así se determina muchas veces la importancia de un filme.

 

Por supuesto, no es la regla definitiva para convertir tu “simple” película, en la Mejor Película según la Academia. Pero sí es un rasgo importante a destacar cuando de pronto las nominadas ofrecen “frivolidades” a diferencia de un film de denuncia. Y he ahí el punto de esta reflexión. El principal rasgo a destacar, es que Hollywood será dueño de inconformidades del que hay que definitivamente acostumbrarse. Aún en este año, estuvo plagada por ellas. Que si la Academia es racista. Que si a Iñárritu lo interrumpieron. Que si Di Caprio obtuvo el premio bajo la presión y el barullo de las redes sociales o que si Sam Smith ofendió a la comunidad gay con su pésimo discurso.  

 

Por ahí la inconformidad de Stallone al perder el premio a Mejor Actor de Reparto frente a Mark Rylance de Bridge Of Spies. Que si Inside Out de Disney fue considerada la Mejor Película de Animación aún por encima de Anomalisa de Charlie Kaufman -difícil de creer- o que si Tarantino defraudó a sus fans con el poco valorado The Hateful Eight, recibiendo sólo el premio al  Score Más Original gracias al trabajo de Ennio Morricone. Sin duda, hay mucho que criticar, pero también sería irrelevante, poco productivo. Sólo resta decir, que todo en estas decisiones inapelables, al menos para el Cinemaniaco, es mera subjetividad pretenciosa. Oscar no es sinónimo de calidad. El reinado de Hollywood, sea bueno o sea malo, nos ha hecho creer que sí.

 

De respetar esta regla el señor Kubrick o el señor Hitchcock no serían importantes para el séptimo arte. Ni uno de los dos recibió alguna estatuilla de estas a lo largo de su carrera -Kubrick sí, pero sólo a Mejor Banda Sonora gracias a 2001: A Space Odyssey- y son parte fundamental ahora de esta industria. Eso es lo que importa.

 

Justo al final de mi crítica de The Revenant lo dije, con Oscar o sin él, Iñárritu nos mostró una excelente película, y eso no le resta relevancia, ni siquiera profundidad, porque la tiene. Así con Mad Max, que le ocurrió exactamente lo mismo que a Gravity en el 2014 frente a 12 Years a Slave, otro largometraje, con “mejor argumento y relevancia en su tópico” arrebatándole el codiciado premio a Mejor Película. La única diferencia con Cuarón, es que George Miller no ofreció entretenimiento barato. Desde la clásica del 79, éste ya había generado una poderosa crítica sociopolítica, a la batalla por los recursos no renovables como el petróleo dentro de una guerra distópica. Y eso mismo, junto a las alegorías del machismo y las dictaduras, volvió a plasmarse.

 

Vale la pena ver todas estas películas. Aquellas que terminaron siendo ignoradas, pero también las que fueron irremediablemente ganadoras. Vale la pena verlas, por supuesto, pero sin levantar si quiera el halo de que estas últimas son las reinas absolutas. Sin levantar el halo de creer que por haberlas premiado, son las más importantes.

 

Pero entonces, ¿quién tiene la culpa?

 

El conflicto aquí no es que Hollywood sea corrupto, que genere inconformidades o que sea el mega monstruo lucrando con el arte por meros fines de lucro como lo dijera Cronenberg. Ese pensamiento también resulta tonto y subjetivo. No es eso lo que afecta a la industria; es la audiencia. Es la que tiene la culpa. La audiencia inconforme, que cree que se menosprecia o se reconoce a una película por estatuillas. Que cree que esta ceremonia es determinante. Es momento de creer, si eres un adepto al cine o no, que estas premiaciones no lo son todo para el séptimo arte. Y por supuesto, atreverse a decirlo en medio de un mundo donde todos somos “críticos”.

“Críticos”, por supuesto, que podemos darnos el lujo de ir al Ángel de la Independencia a celebrar el triunfo de Di Caprio, y luego, creernos expertos.

 

 

Héctor Jesús Cristino Lucas

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